Niveles de habla

 

Como se ha visto en los párrafos precedentes, en el uso concreto del lenguaje se entrecruzan los conceptos de lengua general, habla local y norma lingüística, así como el criterio de corrección y el de niveles de habla.

La norma lingüística es, para el individuo, un sistema de realizaciones obligadas, un conjunto de imposiciones sociales y culturales que tienen su campo de acción en el lenguaje. La norma lingüística varía no sólo de comunidad a comunidad sino también dentro de cada una de ellas: son obviamente distintas las normas a que se atienen el lenguaje literario o elevado, el lenguaje familiar y el lenguaje popular o vulgar. Esta especie de dialectalización vertical implica la dinámica coexistencia de varios tipos de habla en una misma comunidad y, en algunos de los casos mencionados, la estratificación de una sociedad en varios niveles lingüísticos con modalidades diferentes 9 . Pero más allá de cada norma establecida se abren siempre las posibilidades del sistema lingüístico. La creación literaria, por ejemplo, implica la ruptura instintiva o consciente de la norma, a la vez que la utilización original y exhaustiva de las posibilidades del sistema 10 .

El nivel de habla más elevado -y también el que, por serlo, presenta mayor grado de coincidencia con la lengua general- es el de la lengua culta cuidada o formal, a veces identificada con el concepto tradicional de lengua escrita, y aun con el de lengua literaria. Pero puede también incluir la lengua oral del discurso, de la conferencia o de la cátedra.

Un segundo nivel o estrato subyacente lo constituye la llamada lengua culta espontánea o familiar, que corresponde al modo como natural y habitualmente se expresan quienes tienen tradición familiar de cultura o han crecido en un ambiente culto. La posesión de la lengua culta familiar puede no estar en relación con el grado de instrucción organizada u oficial. Así, son todavía legítimos exponentes de este nivel de habla personas cuya instrucción formal no pasó del nivel escolar, en tanto que pueden no serlo otras que, a pesar de haber alcanzado un nivel profesional, no han logrado superar ciertos hábitos lingüísticos tempranos que no reúnen las condiciones de aceptabilidad social.

Un tercer nivel de habla lo constituye la lengua popular, siempre legítima por espontánea y por vital. La lengua popular es el crisol nunca enfriado de usos nuevos, algunos de los cuales hacen después un camino ascendente hacia otros niveles de habla. "El habla literaria es siempre la meta a que aspira el lenguaje popular, y, viceversa, la lengua popular es siempre fuente en que la lengua literaria gusta refrescarse" 11 . La lengua popular representa la libertad absoluta en materia de lenguaje y el estado de perfecta inocencia lingüística; es, por tanto, naturalmente creadora y neologizante.

Pero, al mismo tiempo, el uso popular es naturalmente conservador de formas viejas que la lengua general va desechando y resulta, por tanto, también y paradójicamente arcaizante.

Con la lengua popular se identifica a veces la llamada lengua vulgar, que en realidad representa un subestrato de aquélla. Análoga es la situación de la jerga del hampa (que en el Perú recibe el específico nombre de replana). Así como la lengua popular nutre continuamente a los estratos superiores de la lengua, la jerga puede ser el origen de formas populares, muchas de las cuales ascienden a su vez hasta el nivel del habla culta familiar, generalmente por la vía del lenguaje escolar o juvenil. Es característica de los últimos tiempos el ascenso de términos del habla del hampa a estratos sociales superiores; deben ser motivo de reflexión los diversos factores que están en la raíz de este importante hecho sociolingüístico 12 .

Es obvio que no deben confundirse con la jerga del hampa las llamadas jergas profesionales, es decir, la terminología y los modos de hablar específicos correspondientes a un oficio, profesión o técnica: la jerga del albañil, la jerga del zapatero, la jerga del médico o la del estadígrafo. En estos usos, por supuesto, la palabra jerga no connota ningún matiz peyorativo.

De lo expuesto resulta que todo hablante es en realidad plurilingüe, en el sentido que se expresa alternativamente en diferentes niveles de habla que implican distintas variedades funcionales -o situacionales- de su propio idiolecto 13 . Atendiendo a diversas circunstancias e interlocutores, el hablante alterna sus usos lingüísticos familiares con aquéllos restringidos a su ambiente de trabajo o a su deporte favorito y con otros más generales y aceptables en el ámbito amplio de su comunidad. Pero, como cada circunstancia social reclama una respuesta lingüística específica -con exclusión de las demás- el individuo en trance de expresarse no está nunca ante una verdadera elección, sino que hace girar automáticamente el dial de su habla en virtud de un subconsciente proceso de adaptación a los diversos aspectos de su medio lingüístico y social.

Hay, en consecuencia, varios modos de hablar correctamente, así como hay -aun dentro de la misma cultura- varios modos de vestir correctamente según el clima, la hora o la ocasión. Quiene usa en un ambiente íntimo formas lingüísticas propias del habla formal, exhibe a veces lo precario o postizo de su cultura: la lengua culta debe ser defendida tanto de la vulgaridad e incorrección como de la afectación y de la pedantería 14 .