En el Perú y en casi toda la América hispana (se exceptúa Méjico) es uso general el de apurarse por apresurarse o darse prisa; estar apurado equivale a tener prisa, estar de prisa; apurar, en uso transitivo, a dar prisa, meter prisa. El postverbal apuro se ha hecho, por tanto, equivalente de prisa (palabra poco usada en el habla familiar americana) y tener apuro es equivalente de estar apurado (tener prisa).
En España, en cambio, apurar y apurarse sólo se entienden en relación con apuro en su sentido de 'aprieto, apremio, trance o situación angustiada'. En realidad, el uso americano de apurar(se) por dar(se) prisa representa sólo un grado más en la serie de sucesivas evoluciones semánticas experimentadas por apurar en castellano. Formado sobre el adjetivo puro, tuvo originalmente un sentido que hoy se expresa por otros derivados, tales como depurar o purificar. De este sentido, entendido figuradamente, se llegó poco a poco al de 'acosar, apremiar', tradicional en España desde fines del siglo XVII 1. En el uso americano, que es a su vez desarrollo del anterior, la idea de 'urgencia temporal' implícita en 'acoso, apremio' ha pasado a primer plano, en tanto que se ha ido esfumando el matiz de 'angustia' implícito igualmente en esa noción.
Los divergentes valores semánticos de apurar y apuro son ya tradicionales en la casi totalidad del continente americano. Documentados desde fines del siglo XVIII, se hicieron generales a principios del XIX y hoy llegan a todos los niveles del habla 2.
Pero los nuevos usos americanos de apuro no han traído como consecuencia el olvido de su significado de 'acoso, apremio, trance difícil', conservado sobre todo en el plural: estar en apuros (o en un apuro), salir de apuros, meter(se) en apuros, sacar de apuros, etc. Con estos usos de apuro se relaciona sin duda la expresión en los quintos apurados, corriente en el Perú 3, la Argentina, Colombia y Venezuela como equivalente de en los quintos infiernos.
1Véase Rosenblat, Buenas y malas palabras, págs. 45-48
2 Se documentan de Bolívar a Borges. Véase Hildebrandt, La lengua de Bolívar, págs. 237238 y Borges, Evaristo Carriego, Buenos Aires 1965, págs. 74 y 109 (apurarse); 63 (apurado); 80 y 116 (apuro: dice Borges que la frase "no tengo apuro es criollo clavado"); 40 y 85 (apurón, tal vez algo más cercano semánticamente al sentido peninsular).
3Véase "desde los quintos apurados" en Gamarra, Cien años, pág. 155.
"En el Perú y en casi toda la América hispana (se exceptúa Méjico) es uso general el de apurarse por apresurarse o darse prisa"