En su satírica Constitución política decía, hace más de un siglo, Felipe Pardo:
"¡Oh escarnecida libertad! ¡Tu escudo
es para el indio de pasmoso efecto!
¿Trotar a pie le mandan? -Calla y trota.
¿Votar? -Recibe su papel y vota.
Y vota seducido o violentado;
y en vil manejo la provincia bulle;
y ese voto, a otros tales asociado,
en la ánfora electiva se zambulle..." 1
Medio siglo después (las cosas no habían variado) pregunta-ba coincidentemente González Prada:
"¿Qué han logrado los trabajadores con ir a depositar su voto en el ánfora de una plazuela? Ni elegir al amo, porque toda elección nacional se decide por el fraude o la violencia" 2
Anfora viene del griego amphoreús 3 'vaso grande con dos asas' a través del latín amphora, de idéntico significado. En castellano la voz se documenta desde el siglo XVI con el sentido de 'cántaro alto y estrecho de cuello largo con dos asas y terminado en punta', asociado sobre todo al arte grecorromano. En la liturgia católica se llaman ánforas las jarras o cántaros, generalmente de plata, en que el obispo consagra los óleos el jueves santo.
En el Perú y Méjico 4, sin embargo, ánfora tiene el sentido predominante de 'urna', es decir, 'arca pequeña o recipiente en que se depositan cédulas, números o papeletas para un sorteo o votación secreta'; el término se asocia sobre todo a las elecciones políticas y por tanto equivale a 'urna electoral'. En usos figurados ('un gobierno surgido de las ánforas", etc.) llega a entenderse como símbolo del proceso democrático. De otro lado, la palabra urna (por predominio de su acepción de 'urna funeraria o cineraria') ha llegado a hacerse sinónima de ataúd en el Perú y otras regiones de América 5; este hecho ha contribuido sin duda al desplazamiento de urna por ánfora en los usos relacionados con el proceso electoral.
El nexo entre los sentidos generales de ánfora ('cántaro estre-cho', 'jarra litúrgica') y los americanos de 'urna electoral' tal vez se encuentre, a su vez, en la íntima relación que existió entre las universidades coloniales -cuyos procesos electorales alborotaban a toda la ciudad 6- y los conventos de los cuales surgieron, en los que eran igualmente sonadas las elecciones de Prior. La jarra litúrgica designada con el nombre de ánfora pudo empezar una segunda y profana vida como urna electoral en conventos y uni-versidades ligadas a aquéllos 7; el último paso consistió en la salida del uso fuera de esos ámbitos.
1 En BCP 9*, pág. 155
2 En Ensayos escogidos, Lima 1956, págs. 89-90. Véase también ánfora 'urna electoral' en Gamarra, Cien años, pág. 65; Blume, Sal y pimienta, 112; Corrales [Cle-mente Palma], Crónicas poIítico-doméstico-taurinas, Lima 1938, pág. 26; Gálvez, Calles de Lima y meses del año, Lima 1943, pág. 160; Francisco Vegas Seminario, Chicha, sol y sangre, París 1946, págs. 47 y 49; Vargas Llosa, Conversación en La Catedral, Barcelona 1969-1970, 2 vols.; I, págs. 188, 190.
3 Haplología de amphiphoreús, con el prefijo amphi 'dos' .
4Parece que también en Guatemala y Bolivia
5 En Méjico se conserva con este sentido la variante leonesa urnía
6 Véanse referencias a elecciones universitarias, algunas tumultuosas, en Suar-do, Diario de Lima (1629-1634), págs. 23, 25, 26, 28, 29, 30, 31, 32, 33, 42, 131, 169.
7 Hasta hace unos cuarenta años, en la vieja casa de San Marcos los exámenes finales orales se rendían en el Salón de Grados, que conservaba su aspecto de antigua capilla -el graduando sostenía su tesis desde el púlpito- y los números correspondientes a las balotas ('temas o puntos del programa' de la materia exami-nada) se extraían de un ánfora de plata, especie de jarra o copón de ancha boca.
"En el Perú y Méjico 4, sin embargo, ánfora tiene el sentido predominante de 'urna'"