Azarearse
En el habla familiar del Perú, Chile, Bolivia, Ecuador y la América Central azarearse tiene los sentidos de 'turbarse, confundirse, desconcertarse, desasosegarse, sobresaltarse'. Hoy en Lima apenas se oye el postverbal azareo 'turbación, desasosiego, sobresalto' 1 y se ha olvidado el uso de azarear 'irritar, enojar' que se conserva en Chile y se documenta entre nosotros hasta Clemente Palma 2. Así por ejemplo, en El santo de Panchita (comedia de Segura y R. Palma estrenada en 1859) un personaje se queja de que las niñas de la casa no salen a atender a unas visitas:
la verdad... esta conducta
es incivil, sospechosa,
y a todo hijo de vecino
le azarea y encocora 3
Los usos peruanos de azarearse se explican por cruce de azorarse con azar.
Azorarse viene de azor, nombre (de origen latino) de un ave rapaz diurna usada en cetrería. Azorar era originalmente 'perseguir el azor' a palomas y otras aves. De ese sentido literal surgieron sucesivamente los figurados 'hacer volver salvaje', 'incitar, irritar' y 'turbar, sobresaltar', este último documentado ya en los clásicos y hoy impuesto en la lengua general.
Por otra parte, azar viene del árabe zahr 'dado' y se usó primero en castellano en relación con el juego de dados y la mala suerte en él. De allí salieron los sentidos de 'mala suerte, desgracia en general', 'riesgo' (frecuente éste en el Siglo de Oro) y 'casualidad, caso fortuito' (usado sobre todo a partir del XVIII). De azar 'desgracia' se derivó azarar 'traer desgracia' (primero en el juego y luego en general), verbo que tuvo poca vitalidad en la lengua (se conserva en Andalucía y Santo Domingo).
Cuando la cetrería pasó a la historia y azorar no se asoció más a la imagen del azor volando tras la presa, la etimología popular lo asoció a azar. Como resultado, azorarse se hizo azararse, hoy predominante en la lengua coloquial de ambos continentes a pesar de que el purismo apoyaba a azorarse.
Ni azorarse ni azoro son corrientes hoy en el Perú. Pero, aun suponiendo que lo hubieran sido hasta fines del siglo pasado, sorprende la afirmación de Arona de que en Lima "ni a la ínfima plebe" se le ocurría entonces confundir azorarse con azarearse puesto que se ceñía "a los dos radicales que son azar y azor", y "con toda corrección" decía "azorado por asustado y azareado por lleno de azar [aprensión]" 4. Se hace difícil imaginar una "ínfima plebe" sopesando radicales latinos y arábigos 5.
En cuanto a la terminación de azarear, se explica por la vitalidad que ha tenido en todo el orbe hispánico, desde los orígenes del idioma, el sufijo -ear. Su función original era la de iterativo o frecuentativo, pero en la lengua actual se ha lexicalizado, conservando un matiz afectivo o intensivo indeterminado. Por la vitalidad de este sufijo muchos verbos acabados en-ar (como apuñalar) han cambiado su terminación en América. Y otros tantos verbos nuevos se han formado directamente con el sufijo -ear.
En el caso de azarearse 'turbarse' ha habido, pues, primero un cruce de azorarse con azar, del cual resultó azararse. Luego, en el Perú y otros países, una sustitución de la terminación verbal por aquélla que es favorita en el castellano de América.
1 Documentado también en Chile y Guatemala. En Nicaragua es corriente el aumentativo azareón.
2 Véase Crónicas de Corrales, pág. 33. No está claro en cuál de sus dos sentidos lo usa Vallejo ("Y me inspira rabia y me azarea"; Obra poética, pág. 178).
3 Acto I, escena XVII; en Artículos, pág. 843.
4Véase su Diccionario de peruanismos, s.v. azarearse. Subrayados del autor.
5 Azar conserva en el Perú ese sentido de 'inquietud, aprensión'. Tener azar a algo es tenerle recelo supersticioso; el uso está sin duda en relación con el de tener azar por 'tener recelo o repugnancia' que consigna Autoridades.
"En el habla familiar del Perú, Chile, Bolivia, Ecuador y la América Central azarearse tiene los sentidos de 'turbarse, confundirse, desconcertarse, desasosegarse, sobresaltarse'."






