Literatura Peruana
La concepción del tiempo y el espacio escatológicos en la poesía de Carlos Germán Belli
Son muchos los aspectos de la poesía belliana que se pueden identificar como singulares. Críticas tan tempranas como las de Javier Sologuren (1969) avisan de la complejidad de su poesía, ya en el nivel de lo «temático» y en el de lo «formal». Con respecto del primer nivel, diremos que Sologuren advierte muchos de los temas que años más tarde, Jorge Cornejo Polar (1994) señalaría acertadamente. De todo ese conjunto, son tres los temas que interesan en el ya mencionado trabajo de Sologuren: el tema del «avasallamiento», el de la «postergación» y el de la «enajenación». A estas tres se podría añadir una cuarta que explique figuras tan relevantes como la del «Hada Cibernética4», que no es sino una de las formas previas de la «más que señora humana»: se trata, pues, de la «separatidad». Esta última, que opera sobre todo el corpus belliano, se entiende a partir de lo que E. Fromm (1996) llamó «vivencia de la separatidad». Dicha «vivencia» es entendida por psicoanalista como parte de una visión pesimista de la humanidad, debido a que considera al ser humano como algo incompleto (es decir, «separado») que constantemente busca integrarse.
Imagen de Estuardo Núñez
por Marco Martos
Discurso pronnuciado en la Universidad Ricardo Palma, el 28 de noviembre de 2006.
Sr Rector de la Universidad Ricardo Palma
Iván Rodríguez Chavez
Distinguidos Autoridades, profesores, trabajadores y estudiantes,
damas y caballeros,
Nos hemos reunido en esta tarde cálida de noviembre para rendir homenaje a Estuardo Nùñez Hague, nuestro maestro y amigo, cuya vertiginosa actividad intelectual ha atravesado la historia del Perú en el siglo XX iluminado el quehacer literario principalmente y, concomitantemente, todo lo que tenga que ver con el arte y la cultura. Me toca en esta ocasión traer la palabra de dos instituciones con la que Estuardo Nùñez está íntimamente ligado: la Academia Peruana de la Lengua de la que ha sido secretario primero y director después, y la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, en la que ha sido profesor, durante varias décadas y puedo decir, además, que mis palabras expresan también el afecto de quien como amigo de algunos de sus hijos, se ha acercado al seno de la familia y conoce algo de la tribu Núñez Carvallo afincada en Barranco y en todo el territorio del Perú y que es un modelo de lealtad grupal. Este homenaje es también para Cota Carvallo de Núñez y para todos los hijos de ambos estudiosos y artistas.
Conocí a Estuardo Núñez en los pasillos de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Su andar era pausado y firme, su mirada se dirigía siempre a un punto indefinible del horizonte al que parecía dirigir sus pasos. Algunos lo juzgaban adusto, pero basba que escuchara una palabra demandando atención para que se detuviese inmediatamente para contestar afablemente al que al que le preguntaba sobre los más variados asuntos. De pronto se encontraba en el centro de una tertulia donde los jóvenes querían saberlo todo. ¿Usted conoció a Eguren? ¿En qué circunstancias? ¿Es cierto que Isa Jara, en las etapas difíciles del poeta se convirtió en una mecenas secreta para el propio escritor? ¿Vio alguna vez a Vallejo? Cuéntenos cuando ocurrió ese hecho. ¿Es verdad que el poeta de Santiago de Chuco llegó a leer el libro que usted escribió en 1938 sobre la poesía peruana? ¿Es verdad que usted fue compañero de Emilio Adolfo Westphalen y de Martín Adán en el Colegio Alemán? ¿Por qué le decían a Westphalen "el mudo"? ¿Cómo era la máquina de escribir que le compraron sus padres a Martín Adán? ¿Cómo hizo usted, siendo tan amigo, para escaparse de la vida bohemia de Martín Adán? Esas conversaciones solo eran interrumpidas por Estuardo Núñez cuando advertía que los minutos pasaban y que habían otros estudiantes que lo aguardaban en el salón donde se dictaba literatura alemana. En esa aula, durante un año entero muchos empezamos a admirar, gracias a las capacidades de nuestro profesor, la casi desconocida literatura escrita en alemán. Formados en una escuela que privilegia la literatura castellana, ignorábamos, salvo una que otra pincelada clásica, Homero, Dante Shakespeare, todo lo se había escrito en lenguas modernas y, especialmente todo lo escrito en lengua alemana. Fue de los labios de Estuardo Núñez que supimos primero la existencia de una tradición literaria germana, desde el Cantar de Hildebrando, hasta Kafka. Los antiguos alumnos recordamos con afecto las referencias a Goethe, a Heine, a Hölderlin, al expresionismo, a Bertolt Brecht, a Thomas Mann, a Henrich Mann y su inolvidable Ángel Azul. Las clases de don Estuardo, como le decíamos, convocaban a alumnos inscritos y libres y eran una invitación constante a la lectura.
¿Què liga al estudioso de literatura alemana con el interés por el Perú? La respuesta, creo, que está en el mundo de los afectos. Son dos afectos complementarios, el afecto por lo desconocido intelectualmente y el afecto por lo propio y natural. Varias veces Estuardo Núñez ha contado cómo, cuando se cerró la Universidad de San Marcos, en 1932, pasó largas jornadas en la Biblioteca Nacional consultando los libros que nadie leía y que eran los escritos en la lengua de Lutero. Ahí, en esa ocasión, fue que descubrió a los viajeros. La literatura de los extranjeros que llegaron al Perú llamó poderosamente su atención, a tal punto que se le puede considerar en el especialista por excelencia en este tema. Paralelamente se fue interesando por los autores germanos, ingleses y norteamericanos que tienen presencia en las letras peruanas y todo esto saltó de las clases en las que se prodigaba hasta los textos escritos que aparecen en su larga bibliografía. Núñez suma su nombre al de Luis Alberto Sánchez y al de Jorge Basadre, en el grupo de los escritores más prolíficos sobre el tema peruano. Y ostenta el privilegio de combinar con mucha sagacidad la profundidad en los estudios con lo variado de los temas, desde Olavide hasta César Vallejo, desde los viajeros germanos e ingleses, hasta los viajeros brasileños. Toda la vida, los lugares naturales para Estuardo Nuñez han sido la biblioteca y la página en blanco.
Al margen de lo que apretadamente hemos dicho y que es más que suficiente para jstificar un homenaje como el que hoy le hacemos a Estuardo Núñez, hay una faceta suya que conviene destacar: en país que a muchos da la sensación de estar siempre empezando, donde siempre se encuentran personalidades destacadas, pero grupos organizados, una personalidad como la nuestro maestro llama la atención por su carácter institucional, por su vocación de servicio. En ese sentido la comparación más precisa es con Ricardo Palma. Para que la fama, ese pregonera de mil ojos, lo tuviese en su regazo, Palma no necesitó de otra cosa que de su obra literaria y podemos decir más aún, que le hubiese bastado con escribir Las tradiciones peruanas para que su prestigio hubiese llegado hasta nosotros. Pero Palma era un hombre que se debía a la sociedad y ella ofreció otros frutos. Fue tarea suya organizar la Biblioteca Nacional, cuando se había convertido en nada después de la guerra de Pacífico, tarea suya fue organizar la creación de la Academia Peruana de la Lengua, tarea ímproba por lo compleja que resultó puesto que los pocos académicos que se incorporaron tenían voluntades disímiles y conflictos personales, como lo ha mostrado Héctor López Martínez en un magnífico estudio publicado en El Comercio de Lima, el 30 de agosto de 1987. Palma asumió la conducción de ambas instituciones y lo hizo con madurez y sabiduría, tantas que hasta ahora se le recuerda en ese trabajo. De modo parecido Núñez nunca eludió sus deberes, por mínimos que pudieran parecer, desde alcalde de Barranco, hasta Director de la Biblioteca Nacional, desde profesor de San Marcos, hasta Director de la Academia Peruana de la Lengua. Para los hombres que no son políticos de oficio, la asunción de cargos, sobre todo los que implican votaciones, resultan algo extraño a su propia actividad. Pero en Estuardo Nùñez puede observarse la paradoja, que ya observó José Martí en el siglo XIX: nuestros intelectuales se ven obligados a ejercer varias profesiones u oficios, y una de estas actividades es la de administrar instituciones, hacerlas florecer, llevarlas adelante.
Ha sido el propio Estuardo Núñez en un artículo publicado en El Comercio de Lima, en ocasión del centenario de la fundación de la Academia Peruana de la Lengua, el 30 de agosto de 1988, quien ha precisado el origen de la palabra. En pocas palabras, la palabra Academia tiene un origen griego. Debemos a Platón ese diálogo que se llamó así, vinculado siempre al debate y a la confrontación de ideas. Maestros y discípulos se reunían en un jardín ateniense alentados por el recuerdo de un personaje mítico, Academos. Los viajes de Platón a Sicilia lo llevaron a estrechar vínculos con los filósofos pitagóricos y luego tuvo discípulos en Roma. Fue entonces que el término se expande y pasó a significar coloquio de intelectuales. Lo académico fue a partir de entonces cónclave de cultura. En la edad media, aun sin leerse a Platón continuó el espíritu que el había ayudado a crear y los clèrigos sustituyeron a las Academias antiguas en los claustros de los conventos. La disgregación del latín a partir de la caída de imperio romano, llevó a nuevas preocupaciones académicas; los académicos, fueron considerados clérigos, llevaran o no llevaran los hábitos. Desde el siglo XV empìeza a fermentar un nuevo espíritu que cuajaría con el nombre de Renacimiento. En Florencia, en 1582 se crea la Academia della Crusca, Academia del afrecho, como si se tratase de separar la harina del salvado y que estaba dedicada a cuidar a la lengua toscana que estaba camino a convertirse en la lengua de toda Italia. Los Médices estimularon las discusiones cultas sobre el lenguaje. El ejemplo italiano prosperó en Alemania y en Francia. Se trataba entonces de separar el lenguaje culto de los vulgarismos. En Francia, bajo la inspiración de Ronsard la "Pléyade" se fundó la Academia Francesa, que fue modelo de la española y remoto antecdente de la Academia Peruana de la Lengua.
Nos cuenta Estuardo Núñez que en el sigl XVIII había empezado a sentirse de un modo ligero el efecto del cambio social, aunque la Revoloción Francesa, según anotación de Karl Vossler puso en circulación un caudal popular verdaderamente escaso. Recién con la generación romántica en el siglo XIX, se advierte, con Víctor Hugo la actitud de acoger en la lengua literaria los vocablos vulgares. Este dilema aparente entre la pureza del idioma y su riqueza léxica, ha sido resuelto por la lingüística contemporánea, aunque todavía tiene vigencia en las discusiones legas. Se ha llegado al convencimiento de que todas las formas del lenguaje son utilizables en sus contextos adecuados, que si dos personas se entienden eso es suficiente para considerarnos satisfechos. Las Academias consideran que la única ventaja, pero que no es desdeñable, de manejarse en la lengua culta, es que podemos entendernos con más comunidades lingüísticas, en más países. Dicho de otra manera, el nivel cultivado de manejo de una lengua garantiza a quien lo maneja llegar a todos los estratos sociales, cosa que no ocurre en un sentido inverso. Escribir como se habla fue un ideal de Juan de Valdez en el siglo XVI, pero el habla que tenía en mente era el habla culta.
La Real Academia Española fue fundada en 1713 y oficializada por Real Cédula de Felipe V el 3 de octubre de 1714, resdplado que le permitió contar con rentas propias para su funcionamiento. La primera tarea que se impuso y terminó con fortuna fue la confección de un Diccionario de la Lengua Castellana. Seis tomos salieron entre 1726 y 1739. En 1732 la corporación encargó al presbítero peruano Diego de Villegas y Quevedo Saavedra la redacción de la letra "M" del diccionario. El sacerdote cumplió a cabalidad con el encargo e incorporó algunos vocablos que le eran conocidos y que se hablaban en el Perú, como el término "mazamorra".
Desde 1870 fueron surgiendo Academias de la Lengua Española en todos los países hispanoamericanos, independientes de España pero fieles a la lengua común. Puede decirse que ahora el Diciconario de la Real Academia Española, no es más el Diccionario de Madrid sino que expresa al viejo y al nuevo mundo con cabalidad. El ideal expresado por Unamuno ha llegado a ser, como lo sostuvo Unamuno, "la lengua hispánica internacional". Y eso está expresado en la multitud de trabajos que se publican como el Diccionario Panhispámico de Dudas y la Gramática que será presentada en 2007. Desde 1951, año en el se formó la Asociación de Academias, por una iniciativa del presidente de México Miguel Alemán, se han realizado numerosos congresos como los de Madrid en 1956, Bogotá, 1960, Buenos Aires, 1964, Quito, 1968, Santiago, 1974, Lima. 1980, Puebla, 1996, Puerto Rico, 2002. A casi todos esos congresos ha acudido Estuardo Núñez como representante del Perú. Un ejemplo objetivo de su participación es la aprobación de la quinta acepción del vocablo "tradición" como "narración breve, con elementos de ficción, historia y costumbrismo, género iniciado en América por don Ricardo Palma", desde la edición vigésimo primera del Diciconario de la Academia. Otra participación suya ha dado lugar a la aprobación del vocablo "Amazonia" que está en el espíritu de la lengua más que "Amazonía" que tiene como origen la pronunciación francesa. Ambos vocablos compiten en el habla diaria de todos los peruanos.
La Academia Peruana de la Lengua hace un trabajo silencioso, pero que es efectivo en defensa de la unidad de la lengua española y en defensa del habla característica de los peruanos. Becados nuestros cada año concurren a la Escuela Lexicográfica de la Asociación de Academias y en Lima tenemos reuniones periódicas de grupos de trabajo de amigos de la Academia que cumplen las tareas de coadyuvar a la publicación de los diferentes diccionarios, como el de americanismos, la gramática, el DRAE. ¿Y Estuardo Núñez qué hace por la Academia? Ha hecho bastante ya, sus libros son un material de consulta indispensable justamente para las tareas lexicográficas, pero cuando bien podría estar disfrutando de un merecido reposo en la calidez de su hogar él persiste en el trabajo, concurre a todas las Asambleas que se convocan, a los eventos, y forma parte de un grupo de trabajo que se reúne periódicamente a tratar asuntos académicos con Luis Jaime Cisneros, Martha Hildebrandt, Carlos Germán Belli, Ricardo Silva Santisteban, Ismael Pinto, Luis Alberto Ratto, Carlos Eduardo Zavaleta. Recientemente participó en una reunión de trabajo con el lingüista español Julio Calvo Pérez quien está preparando un monumental diccionario quechua-español.
Estuardo Núñez Hague es la imagen misma de lo que debe ser un académico: disciplinado, metódico, original, incisivo. Quienes lo leemos con fruición no podemos olvidar sus magníficas páginas sobre la poesía de Eguren, el arriesgado elogio que hizo de la poesía de César Vallejo en 1938, cuando nuestro vate no era todavía suficientemente conocido en el mundo. Se habla ahora mucho de literatura comparada y de globalización literaria. ¿Quién si no Estuardo Núñez es el que ha iniciado estos estudios en el Perú?
Al rendirle homenaje ahora, la Academia Peruana de la Lengua lo reconoce como un pilar de su estructura y la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, como uno de sus mejores hijos.
Experiencia estética y crítica de César Vallejo
Discurso de incorporación a la Academia Peruana de la Lengua.
Publicado en Boletín de la Real Academia Peruana de la Lengua.-- N° 24. (1er. Semestre 1994) Lima: Academia Peruana de la Lengua, 1994.






