25 de Agosto, 2006
Discurso de Incorporación como Académico Honorario
Sr. Presidente de la Academia Peruana de la Lengua
Señores Directivos
Señores Miembros de la Academia
Señores:
Ya pueden imaginarse ustedes la sorpresa que tuve al recibir la carta del Sr. Presidente de la Academia en que me informaba que yo había sido incorporado como Miembro Honorario de la Academia. Soy aficionado a la lectura en mis ratos de ocio que, dicho sea de paso, no son muchos pues las actividades mineras y empresariales toman una buena parte de mi tiempo.
No soy un escritor prolífico pues, a parte de algunos trabajos relacionados a mi actividad minero-empresarial, he escrito unas pocas notas y entrevistas que los periódicos y revistas locales han tenido la gentileza de publicar.
Es por esa misma sorpresa que me siento sumamente honrado que hayan querido ustedes incorporarme en calidad de miembro honorario en esta ilustre Academia. Es para mi un gran honor que lo recibo como una muestra de la generosidad de ustedes que ciertamente tienen una excelente manejo del lenguaje.
Como ustedes comprenderán este nombramiento me ha hecho recapacitar y preguntarme ¿En que puedo yo colaborar como miembro honorario de esta institución? Luego de pensarlo he llegado a la conclusión que podía yo traerle algunas palabras que usamos en la actividad minera y que no figuran en el Diccionario de la Real Academia o que por alguna razón que desconozco el Diccionario les da un sentido diferente del que le damos en las minas.
La mayoría de ellas son de origen quechua ya que he pasado buena parte de mi vida viajando por nuestras serranías. Otras son de origen inglés que usamos con frecuencia en la actividad minera y que son usadas no sólo por los ingenieros de las minas sino por los obreros nativos de esas serranías.
No escapará al criterio de ustedes que la principal actividad en nuestras serranías, por encima de los 3500 metros de altura es la minería y que la población local conoció antes de la llegada de los españoles. Nuestra minería podemos llamarla mestiza pues es el resultado de los conocimientos de la población indígena local y mucho de los españoles que llegaron por estos lares. A ella se sumó a partir del comienzo del Siglo XX la influencia norteamericana que si bien trajo tecnologías diferentes ellas no hubieran podido aplicarse sin la habilidad innata de nuestros obreros, tanto en la parte extractiva como metalúrgica.
El resultado de este mestizaje es el amplio acervo lingüístico del que disponemos en la actualidad.
Tomaría una obra de muchos volúmenes para recopilar todas las palabras de origen quechua que hoy día o en el pasado se usan o se han usado en minería y no es este el propósito de esta breve presentación.
Me permito por eso hacer entrega a usted Señor Presidente una lista de palabras de origen quechua que he podido recolectar con la ayuda de algunos de nuestros ingenieros cuya lengua materna fue el quechua.
Quiero también dejar en manos de usted Señor Presidente un diccionario minero publicado en el Mercurio Peruano de enero de 1791 y una disertación sobre minería de marzo de 1792 que es rica en palabras quechuas muchas de ellas todavía en uso en nuestras minas.
Nuestro común amigo Javier Montori ha tenido la gentileza de ayudarme a encontrar éstas palabras quechuas y ha conseguido éstos recortes del Mercurio Peruano por lo que debo expresarle públicamente mi mayor agradecimiento.
Espero que esta información sea de interés para la Academia.
Dicho esto quisiera referirme a unas cuantas palabras que usamos a diario en nuestras minas.
La palabra PICSA la usamos diariamente y significa picota. No la he encontrado en el Diccionario. La PICSA es en realidad un martillo corriente pero que en lugar de tener las horquetas para sacar clavos lleva un punzón para extraer las muestras de las rocas y zonas mineralizadas para ser examinadas con una lupa de mano o analizadas en los laboratorios de que disponemos ya sea en nuestras minas o en la ciudad de Lima.
Así mismo la palabra MUQUI que es el nombre que los nativos dan al duende de las minas, no aparece en el diccionario. Los nativos atribuyen al MUQUI cualidades de cuidador de las vidas de los mineros y además como guía para encontrar nuevos cuerpos y/o filones de mineral. Por eso los mineros le dejan hojas de coca, botellas de licor y hasta dinero en las rugosas paredes de los socavones. Se le atribuye así poderes sobrenaturales para evitar accidentes y para encontrar nuevas vetas mineralizadas. Hay innumerables historias sobre la actividad de este personaje que se supone es pequeño de estatura y con cara de lana y un par de ojos desproporcionadamente grandes pero no quiero cansarles con ellas. Basta decir que es un personaje fabuloso por el que el obrero minero y quizás algún supervisor ingeniero guardan gran respeto.
La palabra COCHA figura en el Diccionario con dos acepciones; una de ellas es laguna y dice que se usa sólo en Ecuador. Puedo decirles que aquí en el Perú también se usa y con gran frecuencia; la segunda acepción es: “en el beneficio de los metales, estanque que separa la tina o lavadero principal con una compuerta”.
Mi experiencia personal es que la palabra COCHA debería definirse como laguna de uso común en, no sólo Ecuador sino también Perú y Bolivia, pero además se le usa para definir un reservorio de agua no sólo en el tratamiento de metales. COCHA es en mi opinión todo reservorio temporal de agua y se le usa bastamente en la agricultura.
Debo declarar que para mi fue una novedad saber que la palabra castiza para la LAMPA es “azada”. LAMPA se usa no sólo en nuestra serranía sino también en la costa peruana y me sorprendería que no se le use en la propia España.
En cuanto a las palabras inglesas que han sido incorporadas al léxico de los mineros quiero señalarles solamente un par de ejemplos. Las palabras “diamond drill” se usan con gran frecuencia para traducir la palabra sondaje y el obrero minero de origen quechua no sólo las entiende sino que las usan con frecuencia.
Otro anglicismo muy común es la “jack leg” para significar perforadora movida por aire comprimido.
Espero no haberles cansado con éstos “serranismos” y “anglicismos” y les reitero mi agradecimiento por tan honrosa incorporación. Quedo a sus órdenes para apoyarles en lo que esté a mi alcance.