Julio Calvo Pérez
Es para mi un honor --lo que digo no es por más tópico menos real-- comparecer ante ustedes hoy, en este día que corta al año en dos mitades para decirles, en primer lugar, que yo mismo soy de algún modo como el día en que vivimos: un lingüista en dos partes iguales, la que se orienta hacia mi tierra y mis investigaciones en el marco de la Universitat de València (España) y la que se enraíza en esta vuestra tierra a la que llevo entregados, con dedicación casi exclusiva, los cuatro últimos lustros de mi vida. Aprendiz allí y aun más aprendiz acá, les doy sinceramente las gracias por haberme otorgado su confianza, por haberme abierto de par en par las puertas de su casa y haberme acogido en ella, por depositar en mí una parte de responsabilidad en la conducción de la palabra peruana a buen puerto, siendo, empero, que la riqueza del castellano hablado en el Perú no tiene límites, siendo sus novelistas, poetas y ensayistas de tan altísimo nivel literario en el conjunto del español, siendo su tradición tan rica y variada y siendo al mismo tiempo en fin tan poca la capacidad de emulación y réplica que yo pueda desarrollar ante tamaña valía. Esta misma casa, desde su fundación por D. Ricardo Palma el 5 de mayo de 1887 hasta el día de la fecha, ha contado con tan egregias figuras de las letras peruanas que me siendo anonadado, verdaderamente liliputiense, ante su gigantesca presencia o su imborrable recuerdo. Mas en lo que soy me ofrezco y con lo que puedo coadyuvo. Estoy desde hace tiempo a entera disposición de ustedes.
Y paso al tema de mi reflexión.
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| Discurso de Incorporación de Julio Calvo a la Academia Peruana de la Lengua | 673 KB |