Aventura y rigor en la ficción novelesca

1) Introducción

Debo expresar, en primer término, mi agradecimiento a la Academia Peruana de la Lengua por incorporarme como uno de sus miembros, distinción cuyo gran significado y trascendencia no necesitan ser enfatizados. Mi gratitud, asimismo, a quienes tuvieron la generosidad de proponerme formalmente, los Dres. Jorge Puccinelli y Washington Delgado, y a quien tuvo la misma idea, en oportunidad anterior, el Dr. Estuardo Núñez. Y mi reconocimiento a todos cuantos me acompañan en esta noche.

Mi trayectoria intelectual se ha desenvuelto en dos campos: el de la narración, de un lado, y el de los estudios y la docencia universitaria de literatura, del otro. En este breve discurso que, por mandato no sé bien si de la costumbre o de los estatutos, debo leer ante ustedes, habla antes que nada el narrador, pero sin dejar de recurrir a la ayuda del estudioso. Y el tema del cual me he de ocupar, presente en el título, es el de esas contrapuestas pero interdependientes facetas de la creación literaria, particularmente la novelesca, que son la interrogación y la aventura, al servicio siempre de la vida, por una parte, y la necesidad de rigor y control, por otra. Un tema que, por necesidad, me lleva a tocar algunos momentos de mi trayectoria literaria, dando con ello a mi exposición un carácter parcialmente testimonial, y a compartir con ustedes algunas reflexiones.

2) Mi iniciación en la literatura

He nacido en Jauja, pequeña ciudad en los Andes Centrales del Perú, cuya singularidad y entretejimiento cultural he señalado muchas veces. Mis antepasados maternos pertenecieron todos a esa clase media provinciana de cierta ilustración cuya gravitación en la historia nacional deberá ser estudiada algún día con atención. Gracias a aquellos la familia se interesó por la música y la literatura cultas, sin mengua de su profundo amor por las expresiones andinas.

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